Causado por un hecho bastante triste, desde inicios de Marzo de 2020, las grandes nubes tóxicas sobre las principales capitales del mundo han ido desapareciendo y con ellas la contaminación atmosférica responsable de significativos daños a la salud de la población.

Los niveles de C02 atmosférico en decenas de ciudades del mundo. Las imágenes de satélite de NASA y ESA, muestran esta dramática reducción de las emisiones, incluso de SOx, emitidas por las descargas de vehículos, centrales eléctricas e infraestructuras industriales.

La visible nube de gas tóxico de estas ciudades, ha casi desaparecido. Los niveles de smog se han reducido, aumentado el porcentaje de «aire limpio» en un 21%, desde el cierre de las ciudades. Según un estudio de Columbia University (USA), conjuntamente con otros datos recopilados alrededor del mundo, durante el mismo período del 2019, el monóxido de carbono, principalmente emitido por los vehículos de transporte, ha disminuido en un 50% como consecuencia de la reducción del tráfico diario.

Sin embargo, como ya ha ocurrido en el pasado, la reactivación de la economía, puede revertir la situación al estado de contaminación anterior. Esto no quiere decir que no se puedan tomar medidas que, en algunos casos y países, ya se están implementando, para reducir la contaminación atmosférica. Esta situación es un ejemplo de que restaurar los recursos de nuestro planeta es posible y que es una oportunidad para aplicar las medidas de transición energética y energía sostenible para evitar el retroceso hacia esa contaminación no deseada.

En ello están muchos de los gobiernos, aunque siempre hace falta más, empujando hacia una transformación energética mediante las energías renovables y hacia un futuro sostenible, logrando un balance de carbono cero.